La Ley del Embudo
El Doble Rasero de las Varas de Medir
“No se puede decir del metro patrón que tiene un metro, ni que no lo tiene…”
Ludwig Wittgenstein (*)
La Verdadera Medida de una Democracia
Existe una vieja máxima que asegura que la
calidad de una democracia no se mide por la virtud de sus políticos, sino por
la madurez de sus votantes. Esta idea cobra un sentido especial, casi irónico,
al analizar la política contemporánea. Nos encontramos ante una sorprendente "asimetría
moral" en la forma en que el electorado reacciona a los escándalos, una
reacción que parece depender casi por completo del color del partido implicado.
Es este un curioso fenómeno, por el qué la
indignidad y la corrupción no generan el mismo rechazo en todo el espectro
político, siguiendo quizá la conocida como ley Campoamor: «Y es que en el mundo
traidor / nada hay verdad ni mentira: / todo es según el color / del cristal
con que se mira»
El Concepto Clave: La Asimetría Moral del
militante-simpatizante
El corazón del problema reside en lo que
podemos llamar asimetría moral. Este concepto describe cómo los simpatizantes
de según qué espectro del escenario político aplican estándares
fundamentalmente distintos a la hora de juzgar las faltas de sus respectivos
grupos políticos. Se trata de una vara de medir que cambia según la ideología.
Esta doble moral se manifiesta de la siguiente
manera:
• Un sector de la ciudadanía: Se
caracteriza por ser un potencial elector que castiga la mentira, la
incompetencia o la corrupción. Es quien, según este análisis, mantiene viva
cierta idea de decencia pública al penalizar la mentira, desconfiar del poder y
no perdonar el abuso.
• Otro sector de la ciudadanía: En
contraste, parece haber adoptado la fidelidad ciega como una virtud. Para este
sector del electorado, cuanto más se tambalea el partido de sus preferencias
políticas por los escándalos, más se aferra a él. Lejos de castigar las faltas,
parece premiar tales miserias, cerrando filas en torno a sus líderes.
La Paradoja: Escándalos que Refuerzan la
Lealtad
La evidencia práctica de esta asimetría es
elocuente y paradójica. Por un lado, vemos una acumulación de graves
acusaciones en un lado del espectro político sin que se produzcan consecuencias
significativas. La lista reciente incluye infinidad de ejemplos donde, a pesar
de la gravedad de los hechos conocidos o denunciados, nada parece alterar el
plácido discurrir en el día a día de sus protagonistas.
En el lado opuesto, encontramos un estándar de
exigencia mucho más estricto, donde se impone un listón de rendición de cuentas
por infracciones e irregularidades, que en el otro lado del espectro serían
simplemente ignoradas.
Aquí reside la paradoja: mientras una parte
del electorado exige y pretende obtener rendición de cuentas, la otra
interpreta los escándalos más graves como una conspiración del adversario. En
lugar de exigir responsabilidades, esta reacción refuerza la lealtad al
partido, convirtiendo cada varapalo, incluso judicial, en una nueva razón para
defender los colores propios, en una actitud más propia de hooligans de un club
deportivo que de ciudadanos en una democracia.
La Consecuencia Final: Una Sociedad
Anestesiada
Esta dinámica va más allá del comportamiento
electoral y tiene un impacto devastador en el conjunto del país. Cuando una
sociedad deja de aplicar un estándar ético universal a sus gobernantes, las
consecuencias son profundas y duraderas. La asimetría moral erosiona los
cimientos de la confianza pública y la decencia.
El resultado final se describe con una
claridad contundente: una sociedad que premia la desvergüenza se condena a
convivir con ella. Si cada nueva corruptela refuerza la lealtad a los colores y
cada escándalo se interpreta como una conspiración del adversario, el resultado
es un país anestesiado ante la deshonra, incapaz de distinguir entre justicia y
partidismo, entre ciudadanía y tribu.
Convertirse en un país anestesiado es el coste
último de esta dinámica. Significa normalizar la corrupción, aceptar la mentira
como herramienta política y perder la capacidad colectiva de indignarse ante el
abuso, siempre y cuando los responsables sean "de los nuestros".
Una Pregunta para el Futuro
En resumen, la existencia de una profunda
asimetría moral en los ciudadanos ha creado un sistema político donde la
rendición de cuentas no se aplica por igual. La exigencia de integridad se ha
convertido en una responsabilidad que parece recaer de forma desproporcionada
en una sola mitad del espectro ideológico, es decir en la mitad contraria a la
que se posiciona cada cual.
La pregunta que queda en el aire es si una democracia puede sobrevivir a largo plazo cuando la decencia pública se convierte en una exigencia tribal y partidista, en lugar de un pilar esencial e innegociable para la convivencia en común.
(*) Ludwig Wittgenstein fue un filósofo, matemático, lingüista y lógico austríaco, posteriormente nacionalizado británico. Su primera teoría plantea que existe una relación biunívoca entre las palabras y las cosas, y que las proposiciones que encadenan las palabras constituyen «imágenes» de la realidad, teoría posteriormente criticada por él mismo, en beneficio de una concepción más restringida y concreta, calificada de «juego de lenguaje», en la que destaca el aspecto humano del lenguaje, es decir, su imprecisión y variabilidad según las situaciones.

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