El Vaticano et Orbi

Un Viaje de Paz en la Encrucijada de la Geopolítica 

 Robert Francis Prevost OSA, Papa León XIV


El reciente viaje apostólico del Papa León XIV a Estambul, enmarcado en la histórica conmemoración del 1700 aniversario del primer Concilio de Nicea, se presentó ante el mundo con un mensaje central de reconciliación y unidad. Con una llamada a "caminar juntos, derribando los muros del prejuicio y la desconfianza", la visita papal buscaba tender puentes espirituales en una ciudad que es, por geografía e historia, el puente físico entre Europa y Asia.

Aunque es siempre complejo entender el alcance de cualquier iniciativa de quien además de Papa es Jefe del Estado Vaticano, sin embargo, esta visita de alto perfil no ocurre en un vacío diplomático. Se cruza directamente con la ambiciosa y calculada estrategia geopolítica de la Turquía de Recep Tayyip Erdogän, una nación que busca activamente rediseñar su papel en el escenario mundial. La convergencia de estas dos visiones —una de unidad espiritual y otra de afirmación de poder— invita a algunas reflexiones, que nos lleva a la pregunta de si ¿fue la visita del Papa un genuino avance hacia la reconciliación, o fue la diplomacia vaticana una pieza más, hábilmente utilizada por Ankara para rediseñar el orden mundial?


 

Soberanía Estratégica vs. Unidad Espiritual

La política exterior turca actual se articula en torno a una doctrina férrea de soberanía estratégica, un pilar fundamental de la actual Turquía. Un ejemplo paradigmático es, por ejemplo, la adquisición del sistema de defensa antiaéreo ruso S-400, una decisión que generó profundas tensiones con los aliados de la OTAN, organización a la que Turquía pertenece.[1]  Al enmarcar esta compra como una "decisión estrictamente soberana", Ankara no solo se defiende, sino que emite una señal inequívoca: sus imperativos de seguridad no estarán subordinados a los dictados de la alianza. Esta postura le permite maximizar su autonomía y maniobrabilidad en el escenario global.

Esta doctrina de autoafirmación nacional choca frontalmente con el mensaje del Papa León XIV. Durante su visita, el Pontífice hizo una llamada explícita a la unidad en tres niveles: dentro de la comunidad, en las relaciones ecuménicas con otras confesiones cristianas y en el encuentro con otras religiones. Su exhortación a "derribar los muros del prejuicio y la desconfianza" es un ideal universalista que parece incompatible con la lógica del interés nacional soberano.

Esta exhortación a la unidad se estrella contra la cruda realidad de la política interna turca. La tragedia de la comunidad cristiana en el país, reducida de aproximadamente cuatro millones a principios del siglo XX a solo 100.000 en la actualidad, representa un fracaso fundamental de la unidad dentro de sus propias fronteras. Esta realidad interna revela una contradicción fundamental: Ankara busca un papel de liderazgo en un nuevo orden mundial mientras es incapaz de defender los valores pluralistas que tal orden requeriría, al menos en lo espiritual, vaciando de contenido sus gestos diplomáticos.

Así, la defensa de una soberanía ambivalente se conecta con un uso cada vez más instrumental de su geografía, convirtiendo su posición en una herramienta de poder.

El Puente del Bósforo: ¿Símbolo de Encuentro o Herramienta de Poder?

Turquía está transformando su posición geográfica de un activo pasivo a una herramienta de poder activo, un movimiento calculado. Su estrategia busca posicionarla como un centro de conexión energético y logístico indispensable. Iniciativas como el acuerdo marítimo con Libia para obstaculizar gasoductos rivales o el impulso de la "Ruta del Desarrollo"[2] con Irak, Emiratos y Qatar, demuestran un plan sofisticado. El objetivo no es ser un mero puente de paso, sino el "guardián del puente", capaz de controlar flujos comerciales y energéticos vitales entre el Golfo Pérsico y Europa.

Esta visión geopolítica contrasta de manera notable con la metáfora empleada por el Papa [3]. Durante su homilía, León XIV utilizó la imagen de los puentes del Bósforo como un poderoso símbolo de "comunicación, intercambio y encuentro" que une continentes, culturas y pueblos. Para el Vaticano, el puente es una invitación a la conexión y la fraternidad universal.

La diferencia fundamental entre estas dos visiones es reveladora. Mientras el Papa ve un puente para la unidad espiritual y humana, la estrategia turca lo concibe como un punto de control para ejercer presión y coacción. El ejemplo más tangible de esta instrumentalización es la forma en que el presidente Erdogan "abre y cierra" las puertas de los refugiados que se dirigen a Europa, utilizando un "puente" humano como palanca geopolítica para negociar con el bloque europeo.

Este control logístico a nivel regional es solo un pilar de una ambición mucho mayor: la de proyectar esa influencia a una escala decididamente global.

El Orden Mundial: La Reforma Papal Frente a la Revisión Turca

La ambición de Turquía trasciende sus fronteras inmediatas. La base ideológica de su política exterior se resume en el lema de Erdogan: "el mundo es más grande que cinco". Esta frase, un desafío directo al poder de los miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, articula su rechazo a un orden mundial que considera obsoleto –y seguramente lo es-  y dominado por Occidente. Su objetivo declarado es posicionar a Turquía entre las "primeras diez naciones del mundo", un actor principal en la gobernanza de un nuevo orden multicéntrico.

Esta agenda revisionista se encuentra con la visión del Papa para la paz global. En su mensaje, León XIV abogó por un "mundo en el que reina la paz", donde la religión no sea utilizada "para justificar guerras y atrocidades", e invitó a todos a convertirse en "artífices de la paz". Es una llamada a la estabilidad, el diálogo y la reconciliación dentro del marco existente de relaciones internacionales.

Sin embargo, existe una profunda contradicción entre el discurso de paz y la práctica de Ankara. Mientras Erdogan maniobra cuestionando el orden mundial, se permite simultáneamente acoger a los líderes de Hamás, utilizar una retórica virulenta contra Israel (llegando a comparar a Netanyahu con Hitler) y apreciar del Pontífice su "astuto enfoque" sobre Palestina, buscando alinear la autoridad moral del Vaticano con su propia agenda política.

Esta ambición de redefinir el orden global se fundamenta, a su vez, en la recuperación de esferas de influencia que Ankara considera históricamente suyas.

La Memoria de Nicea y la Sombra del Imperio

Una de las autodefiniciones más sorprendentes de la política exterior turca se encuentra en la propia web de su Ministerio de Asuntos Exteriores: Turquía se define como "un país balcánico".[4] Resulta llamativo que los Balcanes tengan un espacio diferenciado respecto a Europa en la web, cuando es y forma parte de la misma. Esta declaración no es meramente cultural, sino un pilar estratégico para proyectar influencia en el corazón de Europa. Esta intención se materializa con poder duro, como demuestra la presencia militar turca en Bosnia dentro de la "Operación Althea"[5] de la Unión Europea, posicionándose como un actor indispensable en una región que coincide en gran medida con los límites del antiguo Imperio Otomano.

Esta ambición neo-otomana se yuxtapone de manera sorprendente con el contexto histórico del viaje papal. La visita conmemoraba el Concilio de Nicea, un evento que evoca un concepto muy diferente de unidad: la unidad cristiana universal bajo el amparo de otro imperio, el Romano, mucho antes de la llegada del Otomano. Mientras el Papa recordaba una herencia de unidad eclesial, su anfitrión trabajaba –aparentemente- para restaurar una esfera de influencia imperial.

Esta proyección de poder se alinea directamente con la predicción del influyente historiador Bernard Lewis,[6] quien argumentó que "Turquía será Irán" en el sentido de que aspiraría a "imponer el liderazgo de la Hermandad Musulmana sunita" y "recuperar la dimensión imperial en el mundo islámico". Esta agenda revisionista es intrínsecamente conflictiva, ya que busca alterar equilibrios de poder establecidos, oponiéndose de hecho al mensaje papal de estabilidad y reconciliación.

Ankara entiende que recuperar la influencia imperial requiere revertir la misma debilidad militar que precipitó el colapso original del imperio, una lección que ahora está aplicando con fuerza metódica.

Forjando Armas Mientras se Predica la Paz

El gobierno turco actual aplica conscientemente las lecciones del colapso del Imperio Otomano. Para revertir el antiguo declive militar que fue uno de los factores letales de su caída, Ankara ha impulsado una industria de defensa autónoma y una formidable expansión naval. Bajo la doctrina de la "patria azul" (Mavi Vatan),[7] Turquía está construyendo 31 nuevos buques de guerra, incluyendo un portaaviones, para proyectar poder en el Mediterráneo, el Egeo y el Caspio. Es un esfuerzo deliberado por subvertir las debilidades históricas con fuerza militar moderna.

Este masivo y calculado rearme contrasta diametralmente con el ideal de paz del Papa. En su homilía, León XIV citó la profecía de Isaías, que evoca "un mundo en el que reina la paz",[8] un ideal de desarme y fraternidad que es el opuesto exacto a una carrera armamentística. Mientras uno hablaba de forjar arados con las espadas, el otro forjaba una nueva y poderosa flota de guerra.

Esta postura militar plantea preguntas fundamentales. La aspiración de Turquía a crear su propia "Cúpula de Hierro" similar a la de Israel o la que anuncia el presidente Trump para Estados Unidos[9] es, como mínimo, desconcertante. ¿Por qué Turquía aspira a crear su propia Cúpula de Hierro? ¿Quién debería disparar misiles contra Ankara? La inescapable conclusión es que Ankara está construyendo un escudo para una espada que pretende desenvainar. Esta postura defensiva solo tiene sentido si se anticipa un conflicto provocado por una agenda expansionista propia, generando una profunda "incógnita sobre la paz" que un viaje papal no puede resolver.

La Verdadera Pregunta Tras la Visita Papal

La visita del Papa León XIV a Estambul ha puesto de manifiesto una tensión ineludible. Su sincera y elocuente llamada a la paz, la unidad y la reconciliación fue recibida y enmarcada por un líder que ejecuta una estrategia geopolítica multifacética basada en la autonomía estratégica, el control de la influencia y la proyección de fuerza militar. El lenguaje de la diplomacia vaticana y el de la Realpolitik turca, aunque coexistieron durante unos días, hablaban de realidades fundamentalmente distintas.

La metáfora del puente, utilizada por ambos, sirve para cerrar este análisis. La visita papal ha expuesto la brecha insalvable entre la aspiración vaticana de un mundo de puentes para la unión y la estrategia turca de un mundo donde quien controla el puente, controla el juego.

En última instancia, la pregunta relevante no es si el mensaje del Papa fue escuchado con sinceridad en Ankara, sino cómo fue interpretado e instrumentalizado dentro de su estrategia política. Mientras el mundo debate las intenciones, Turquía sigue construyendo metódicamente su futuro. Por lo demás, nada demasiado diferente a la competición en la que también participan China, Estados Unidos o Rusia. Mientras, la Unión Europea –quizá por la proximidad de las fechas navideñas- parece continuar en “Belén…con los pastores”.

La verdadera pregunta podría no ser qué es Turquía, sino si estamos preparados para el papel que está decidida a desempeñar. 

 


[1] Turquía es miembro de la Alianza Atlántica desde 1952, se unió a la organización en 1952 junto con Grecia, como parte de las ampliaciones durante la Guerra Fría. Aunque ha habido tensiones en las relaciones con otros miembros, como Estados Unidos, y ha mostrado interés en otros bloques como los BRICS, Turquía no ha manifestado formalmente su deseo de abandonar la OTAN. A pesar de las tensiones, el país sigue siendo un miembro importante para la alianza debido a su posición geográfica estratégica y su segundo ejército más grande dentro de la OTAN.

[2] La "Ruta del Desarrollo" es un ambicioso proyecto de infraestructura iraquí, respaldado por Turquía, Catar y EAU, para construir un corredor de 1200 km de carreteras y ferrocarriles desde el puerto de Al Faw (Irak) hasta Turquía, creando una alternativa al Canal de Suez para conectar el Golfo Pérsico con Europa, facilitando el comercio y transporte de energía, e impulsando la economía iraquí.  https://www.latercera.com/mundo/noticia/turquia-irak-qatar-y-emiratos-arabes-unidos-firman-acuerdo-para-avanzar-en-una-carretera-comercial-a-traves-del-golfo-persico/LT32SGB32VB6LMBNHDXSUH4GNA/

[3] La palabra pontífice viene del latín pontifex, que literalmente significa "constructor de puentes" (pons "puente" + facere "hacer/construir"), refiriéndose originalmente a altos magistrados sacerdotales romanos que regulaban rituales, incluido el mantenimiento del Puente Sublicio, y que simbólicamente construían puentes entre dioses y hombres. Con el tiempo, el término se usó para obispos y, por antonomasia, para el Papa como la máxima autoridad religiosa, el Sumo Pontífice.

[4] REPÚBLICA DE TÜRKIYE, Ministerio de Asuntos Exteriore. Relations with the Balkan región. Disponible en: https://www.mfa.gov.tr/relations-with-the-balkan-region.en.mfa

[5] Turquía participa en la Operación Althea (también conocida como EUFOR Althea) de la Unión Europea en Bosnia y Herzegovina. Esta operación militar, lanzada en 2004 para supervisar el Acuerdo de Dayton y mantener un entorno seguro, cuenta con contribuciones de más de 20 países, incluyendo estados miembros de la UE y naciones no pertenecientes como Turquía. Turquía es uno de los principales contribuyentes no UE y forma parte del Batallón Multinacional en Camp Butmir, Sarajevo, junto con Austria, Bulgaria, Hungría y Rumanía. Además, equipos médicos turcos han ofrecido servicios gratuitos en comunidades locales, y el Ministerio de Asuntos Exteriores de Turquía confirma su apoyo militar activo a la misión. Esta participación se mantiene vigente en 2025, con la fuerza total de EUFOR superando las 1.000 tropas de 22 países.

[6] Bernard Lewis (1916-2018) fue un influyente historiador británico-estadounidense, orientalista y comentarista político, famoso por sus profundos estudios sobre el Oriente Medio y el mundo islámico, autor de obras clave como El lenguaje político del Islam, que influyó en debates políticos y en la administración estadounidense, aunque sus opiniones sobre temas como el genocidio armenio y la invasión de Irak fueron controvertidas.

[7] La doctrina de la "Patria Azul" (Mavi Vatan) es una estrategia geopolítica y marítima turca que reclama amplias zonas marítimas en el Mar Negro, Egeo y Mediterráneo oriental para controlar sus recursos energéticos y rutas comerciales, buscando convertir a Turquía en una potencia naval y regional dominante, lo que genera tensiones con Grecia y Chipre por la delimitación de Zonas Económicas Exclusivas (ZEE) y plataformas continentales.

[8] “Caminemos juntos derribando los muros del prejuicio y la desconfianza” https://www.vaticannews.va/es/papa/news/2025-11/papa-leon-xiv-homilia-misa-estadio-wolkswagen-arena-estambul-25.html

[9] Trump lanza el proyecto Cúpula Dorada, un escudo antimisiles para proteger todo el territorio de Estados Unidos. https://elpais.com/internacional/2025-05-20/trump-lanza-el-proyecto-cupula-dorada-un-escudo-antimisiles-para-proteger-todo-el-territorio-de-estados-unidos.html

 

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