China entre el Discurso de Paz y la Realidad Estratégica
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| Lin Jian portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China |
"Cuando China despierte, el mundo temblará", Napoleón Bonaparte
La relevancia de la República Popular China como potencia mundial es indiscutible. Su influencia se extiende por todos los rincones del planeta, redefiniendo las dinámicas del comercio global, marcando el ritmo de la innovación tecnológica y proyectando un poder cultural cada vez más visible. Este ascenso tectónico no solo reconfigura el equilibrio de poder global, sino que impone un imperativo analítico: descifrar el código estratégico que subyace a la narrativa de "ascenso pacífico" de Pekín.
Durante décadas, la percepción internacional ha sido en gran medida positiva. China es valorada en los mercados financieros, se ha consolidado como un socio comercial preferente para potencias como Estados Unidos y, en general, las relaciones diplomáticas con el país han gozado de una buena consideración global. Esta imagen de socio fiable y motor de la economía mundial ha sido cuidadosamente cultivada y ha facilitado su integración en las principales instituciones globales.
Sin embargo, esta narrativa de socio global benévolo se contrapone con la creciente complejidad de sus acciones en el escenario mundial. La pregunta central que emerge de esta dualidad es inevitable: ¿corresponde el discurso pacifista que China proyecta hacia el exterior con sus acciones concretas en el escenario mundial y dentro de sus propias fronteras? Hoy queremos explorar las profundas contradicciones entre la retórica diplomática de China y sus demostrables acciones militares, geopolíticas e internas.
La Voz Oficial: La Diplomacia China como Promotora de la Paz y la No Injerencia
La diplomacia pública es una herramienta estratégica fundamental para China, especialmente en regiones como América Latina, donde busca consolidar una imagen de socio benévolo y no amenazante. A través de sus representantes, Pekín articula un discurso centrado en la cooperación, el respeto mutuo y la no injerencia, buscando diferenciarse de otras potencias históricamente intervencionistas.
Las declaraciones de Zhu Jingyang, Embajador de China en Colombia, reproduciendo en sus redes sociales la postura oficial de los responsables de Exteriores de su gobierno, son un claro ejemplo de esta estrategia comunicacional. Sus afirmaciones, publicadas en distintos momentos, resumen la postura oficial que el país desea proyectar:
- La cooperación entre China y América Latina solo implica apoyo mutuo, sin cálculos geopolíticos y mucho menos intenciones militares.
- China se opone a la amenaza o uso de la fuerza en las relaciones internacionales y rechaza cualquier injerencia externa en los asuntos internos de Venezuela bajo cualquier pretexto.
- China apoya la Proclamación de América Latina y el Caribe como Zona de Paz.
El mensaje central de esta diplomacia se sustenta en tres pilares fundamentales: cooperación altruista, desprovista de ambiciones estratégicas; pacifismo, con un rechazo explícito al uso de la fuerza; y respeto a la soberanía, oponiéndose a cualquier forma de injerencia. Esta narrativa resulta especialmente atractiva para muchos países del Sur Global, que ven en China una alternativa a las dinámicas de poder tradicionales. Sin embargo, es imperativo contrastar estas elocuentes declaraciones con la evidencia empírica de las capacidades y el comportamiento militar de China.
La Realidad Militar: Cuando las Acciones Hablan Más Fuerte que las Palabras
La modernización del Ejército Popular de Liberación (EPL) es un pilar fundamental del estatus de superpotencia que China busca consolidar. Cualquier análisis de su política exterior que ignore la magnitud de su poderío militar resulta incompleto, ya que es a través de esta fuerza que Pekín respalda sus reclamaciones y proyecta su influencia regional.
El crecimiento militar de China en términos cuantitativos es abrumador. Las cifras en 2025 dibujan el perfil de una potencia formidable que ha invertido ingentes recursos en cerrar la brecha con Estados Unidos y Rusia.
• Posición Global: 3ª potencia militar del mundo.
• Presupuesto de Defensa: 2º más alto a nivel mundial, con un gasto oficial de 266.850 millones de dólares.
• Personal Activo: El ejército más grande del mundo, con 2.035.000 efectivos.
• Poderío Naval (PLAN): La mayor armada del mundo por número de buques, con 754 unidades, superando a la flota estadounidense.
• Capacidad Nuclear: Un arsenal en rápida expansión, con una proyección de alcanzar las 1.500 ojivas nucleares para el año 2035.
Este formidable arsenal no es meramente disuasorio; se traduce en una política exterior cada vez más coercitiva, donde la amenaza de la fuerza se ha convertido en una herramienta diplomática de primer orden, como demuestran los siguientes casos. La siguiente tabla ilustra cómo la retórica de no agresión se contradice con acciones y amenazas directas en disputas territoriales clave:
País Amenazado | Contexto | Ejemplo de Amenaza Explícita |
Taiwán | Movimientos proindependencia y apoyo de EE.UU. | "La independencia de Taiwán llevaría a la guerra" (Coronel Wu Qian). "Si alguien se atreve a separar Taiwán de China, el ejército chino salvaguardará resueltamente la soberanía nacional [...] a cualquier costo" (General Li Shangfu). |
Filipinas | Disputas territoriales en el Mar del Sur de China. | Uso de tácticas de "zona gris", como el hostigamiento por parte de la Guardia Costera china embistiendo barcos filipinos y amenazando a su tripulación con personal armado. Advertencias de "detener inmediatamente las provocaciones". |
India | Disputas fronterizas en el Himalaya (Doklam y Galwan). | Advertencias de "enseñar una lección a India" si no retiraba sus tropas y amenazas de "consecuencias graves" tras enfrentamientos fronterizos. |
Esta asertividad militar regional no es una serie de incidentes aislados, sino que se enmarca en una estrategia geopolítica global mucho más amplia, lo que pone en tela de juicio, una vez más, la afirmación de que sus acciones carecen de "cálculos geopolíticos".
El Tablero Geopolítico: La Red de Alianzas y la Búsqueda de un Nuevo Orden
Más allá de la fuerza militar directa, la influencia de una superpotencia se mide por su red de alianzas y su capacidad para moldear las reglas del orden internacional. En este ámbito, la afirmación del embajador Zhu sobre la ausencia de "cálculos geopolíticos" se desmantela por completo al observar la estrategia global china. Pekín no solo busca contrarrestar la influencia estadounidense; está construyendo metódicamente una infraestructura global alternativa —financiera, logística y diplomática— que opere bajo sus propios términos.
Para ello, fomenta una constelación de alianzas de conveniencia, centrada en un eje de autocracias. Esta red se articula en torno a un núcleo duro de regímenes autoritarios, calificados como "los cuatro grandes" junto a China: Rusia, Corea del Norte e Irán. Lejos de actuar sin un plan estratégico, China ha tejido esta red de apoyo que abarca continentes, utilizando herramientas como la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) [1], los BRICS [2] y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) [3]. Las regiones y alianzas clave demuestran un patrón claro:
- Asia-Pacífico: China ha reforzado la colaboración en seguridad y armamento con regímenes como Rusia, Corea del Norte e Irán, ofreciéndoles un salvavidas diplomático y económico frente a las sanciones occidentales.
- América Latina: Pekín ofrece apoyo diplomático y financiero a regímenes como los de Venezuela y Cuba, ayudándolos a sortear las sanciones estadounidenses y promoviendo el aislamiento diplomático de Taiwán.
- África: A través de la BRI y alianzas en el marco de los BRICS, China ha consolidado su influencia en países como Etiopía y Egipto, asegurando el acceso a recursos naturales e infraestructuras estratégicas, como su base naval en Yibuti.[4]
El objetivo final de esta estrategia es inequívoco: articular un orden multipolar iliberal como alternativa al liderado por Occidente. Plataformas como los BRICS ampliados y la OCS son los foros donde China busca forjar un "nuevo orden global" más favorable a sus intereses y a los de sus socios autoritarios. Esta realidad revela una profunda contradicción entre el discurso de paz exterior y la realidad de la represión interna que caracteriza tanto a China como a muchos de sus aliados.
La Paradoja Interna: La Persecución de los Pacifistas en Nombre de la Estabilidad
La paradoja más flagrante del régimen chino reside en su capacidad para promover el pacifismo en foros internacionales mientras reprime sistemáticamente a sus propios disidentes y activistas pacifistas en casa. Esta dualidad no es una contradicción, sino un pilar de la estrategia del Partido Comunista Chino (PCCh): para la doctrina leninista de Estado, la pureza ideológica interna y el control absoluto son precondiciones para la proyección de poder exterior. Así, la represión doméstica y el discurso pacifista global son dos caras de la misma moneda estratégica.
Para el PCCh, el principio de "estabilidad" interna prevalece sobre cualquier derecho fundamental. La crítica pacífica es equiparada a una amenaza existencial contra el poder del Estado. El andamiaje legal del régimen proporciona las herramientas para esta represión, utilizando artículos de definición ambigua para castigar la disidencia:
Norma aplicable Código Penal | Penalidad tipificada |
Subversión del Poder Estatal (Art. 105) | Criminaliza la "incitación" o la disidencia no violenta, como la organización de talleres sobre derechos humanos. Las penas van de 3-10 años de prisión hasta cadena perpetua. |
Provocar Altercados (Art. 293) | Un cargo deliberadamente vago utilizado para encarcelar a activistas por participar en protestas pacíficas o realizar arte crítico. Las penas pueden llegar hasta los 5 años. |
Esta represión no es abstracta; tiene rostros humanos. La periodista Zhang Zhan fue sentenciada a cuatro años de prisión por sus reportajes pacíficos sobre el brote de COVID-19 en Wuhan. Los 47 activistas pro-democracia de Hong Kong fueron condenados por "conspiración subversiva" simplemente por organizar unas primarias electorales pacíficas. Estos casos demuestran que el pacifismo solo es valorado por Pekín cuando sirve a sus intereses en el exterior, pero es brutalmente aplastado cuando se manifiesta dentro de sus fronteras. Esta dualidad nos obliga a abordar un debate más amplio sobre los dobles raseros en la política internacional.
La Hipocresía Selectiva en el Juego de las Grandes Potencias
El análisis de la política china revela una brecha abismal entre la retórica y la realidad. Por un lado, una diplomacia que habla de paz, no injerencia y cooperación mutuamente beneficiosa. Por otro, la evidencia irrefutable de un poderío militar colosal utilizado para amenazar a sus vecinos, una estrategia geopolítica calculada para tejer alianzas con regímenes autoritarios y una brutal represión interna que criminaliza el pacifismo y la disidencia.
Este caso pone de manifiesto una tendencia preocupante en el debate geopolítico global: la hipocresía selectiva. Con frecuencia, ciertos posicionamientos políticos critican con dureza las maniobras estratégicas y las imperfecciones de las potencias occidentales, mientras minimizan, justifican o simplemente ignoran movimientos análogos o considerablemente más graves por parte de potencias como China y Rusia. Se aplaude el discurso antiimperialista de Pekín sin cuestionar sus propias prácticas expansionistas y coercitivas.
Es fundamental abogar por la coherencia y la aplicación de un estándar universal al analizar las acciones de todas las grandes potencias. Aceptar acríticamente narrativas que no se sostienen ante la evidencia no solo es un error de análisis, sino que también contribuye a legitimar agendas autoritarias que socavan los principios de la paz y los derechos humanos que dicen defender. La verdadera paz no se construye sobre discursos de conveniencia, sino sobre acciones consistentes y el respeto universal a la dignidad humana, un estándar único que debe aplicarse por igual en Washington, Moscú y Pekín.
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[1] Iniciativa de la Franja y la Ruta (Belt and Road Initiative), un proyecto de infraestructura y desarrollo económico global lanzado por China en 2013. Su objetivo principal es conectar a China con Europa, África y otras partes de Asia mediante el desarrollo de infraestructuras como carreteras, vías férreas, puertos y centrales eléctricas. Inspirada en las antiguas Rutas de la Seda, la BRI busca mejorar la conectividad comercial, la cooperación y la influencia estratégica de China a nivel mundial.
[2] Asociación de economías emergentes integrada originalmente por Brasil, Rusia, India y China, a la que se unió Sudáfrica en 2010. El grupo busca promover la cooperación económica, financiera y política para influir en el orden mundial y desafiar el dominio de las potencias occidentales. Entre sus objetivos se encuentran el desarrollo sostenible, la reducción de la pobreza, el fortalecimiento del comercio entre sus miembros y la reforma de instituciones globales como el FMI y el Banco Mundial.
[3] La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) es una organización intergubernamental euroasiática de seguridad, política y económica fundada en 2001. Sus miembros actuales son China, India, Kazajistán, Kirguistán, Rusia, Pakistán, Tayikistán, Uzbekistán e Irán. Se centra en la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo, promueve la cooperación económica y cultural, y busca ser un contrapeso a las alianzas occidentales.
[4] Actualmente, al menos cinco países tienen bases militares en Yibuti: Estados Unidos, China, Italia, Francia y Japón, mientras que Alemania y España tienen efectivos militares desplegados en el país, utilizando las bases francesas.


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